No importa las veces que hayas estado, regresar al Molino de Alcuneza es siempre una experiencia difícil de olvidar. Para los que vivimos en Madrid es todo un paraíso, a tan solo unos pocos kilómetros de la capital, este Relais & Châteaux se levanta en un antiguo molino harinero del siglo XV que los hermanos Blanca y el chef Samuel Moreno han convertido en un refugio para quienes buscamos descanso, naturaleza y buena mesa.
Después de algunos años sin visitarlos me ha sorprendido comprobar que conserva intacto el encanto de entonces, aunque con un punto más de confort y hospitalidad.

Es un lugar donde el tiempo discurre despacio, lejos del ruido, y donde cada detalle está pensado para disfrutar: desde los desayunos en el jardín hasta las largas sobremesas junto a la chimenea. Cada estación aporta su propio carácter y el hotel sabe celebrarlo con actividades que invitan a conectar con el entorno.

En otoño, por ejemplo, la escapada se enriquece con salidas para recoger setas en los bosques cercanos; en primavera, los paseos por el campo estallan de flores; en verano, la piscina se convierte en refugio frente al calor; y en invierno, nada como dejarse envolver por el calor de la lumbre y la cocina de temporada.

El Molino de Alcuneza no es solo un hotel: es un refugio de calma y autenticidad, un lugar donde el paisaje y la hospitalidad se entrelazan para recordarnos que el lujo, a veces, consiste simplemente en parar.
A lo atractivo del espacio hay que añadir la oferta gastronómica de su restaurante (1* Michelin, 1* Verde y 1 Sol Repsol). La cocina de Samuel Moreno parte de la tradición castellana y se alimenta de productos de cercanía. Él se define como un cocinero clásico, pero sus menús, que cambian con las estaciones, revelan una mirada contemporánea: fondos intensos, guiños al pescado crudo, sabores ácidos y ahumados, vegetales que aportan frescura. En su despensa aparecen con frecuencia escabeches, caza, setas, miel… y sobre todo pan, ingredientes que hablan del entorno y de la memoria de la región.
El restaurante ofrece varias fórmulas: el Menú Molienda (95 €), el Menú Clásicos (115 €) y el Menú Esencias (128 €), cada uno con diferente recorrido. En esta visita elegí el Menú Clásicos, un homenaje a los sabores que han definido la trayectoria de Samuel. Comenzamos con una chocolatina de foie y kikos, delicada, que abre el apetito con un guiño goloso.

Después llegó el “perdigacho” una tapa típica de Guadalajara (tosta de pan, tomate y anchoa) Samuel la ha reinventado y la prepara con una base de espelta, mayonesa casera de tomate, una anchoa de Santoña y se termina con tres puntos de alioli y tres brotes de amaranto. Un bocado exquisito y delicado que tuve que volver a pedir. ¡Maravilloso!

Llegaba otro entrante, primero una esferificación de queso curado en aceite de oliva con un poco de trufa y el aceite aromatizado con un poco de romero y tomillo, y un cono de tartar de trucha, con una emulsión de cebollino, sus huevas y un poquito de sal. Dos bocados sorprendentes

La croqueta de centeno gigantón con jamón ibérico y leche de cabra confirma que en Alcuneza la cocina empieza con el pan y sus masas. Una croqueta muy sedosa que recomiendan tomar de un solo bocado. A la boca llega una explosión de sabores difícil de olvidar. Otras croquetas que pasan a nuestra lista de las mejores…

Los platos iniciales se completan con el ritual de la casa: el pan, aceite y sal, una declaración de intenciones que conecta con el origen harinero del molino. Se elaboran con su propia masa madre y con harinas ecológicas locales, trigo negrillo cien por cien, otro tostado con centeno, oliva negra y romero, un trigo cabeiro, espelta con semillas, algarroba con ciruelas y florencio aurora con higos.

El menú avanzó con un sorprendente ramen de sopa de ajo negro manchego con setas, puente perfecto entre tradición e innovación. un plato sorprendente, lleno de sabor, con el que homenajean la sopa de ajo castellana. En lugar de fideos lleva una setas trompeta negra, unas cocochas de bacalao, el huevo semi poché que va un poco rebozado, un poco de cebollino y sal

Seguíamos con otro plato que ya había probado con anterioridad, pero que recordaba como uno de esos bocados que deja sorprendido: Un socarrat de careta de cerdo y carabinero que juega con la idea del mar y montaña. La textura crujiente y casi caramelizada de la careta, con ese punto goloso que se queda pegado en los labios, contrasta con la jugosidad intensa del carabinero, que aporta su profundidad marina. La salsa brava, afinada y con carácter, termina de redondear un bocado atrevido, potente y muy bien pensado.

La caza estuvo presente en el ravioli de perdiz a la toledana con puré de zanahoria encominada, un plato que ganó el segundo premio en Madrid Fusión, un plato lleno de matices.

El mar regresó con un lomo de bacalao con pil pil de setas y algas y un caldo de puchero con garbanzos, que rescata la memoria de la cocina de cuchara en clave ligera y elegante. Vaya platazo!

Aunque en el menú venía la paletilla de lechal al estilo moruno, lo cambiamos por la merluza con pilpil de berberechos, cítricos y hierbas frescas, una merluza en su punto perfecto de cocción y un intenso sabor marino…

Los postres fueron un homenaje al territorio: unas milhojas de chocolate negro y algarroba, lo acompañan con un helado de nata, pan frito y un pelín de AOVE

el tubo de té con miel de la Alcarria rindió tributo a uno de los productos más emblemáticos de la zona, y los pequeños placeres pusieron un broche ligero y lúdico. Un tubo relleno de chocolate blanco infusionado con un poco de té y miel, también tiene flores comestibles y lo acompañan con un helado de tomillo y miel

después de la cena, la noche nos tenía preparada una sorpresa, había prevista una actividad de astro-turismo. Jaime, el monitor especialista en los cielos, nos esperaba junto a una pequeña hoguera para explicarnos historias fascinantes de las estrellas, constelaciones y galaxias que podemos ver en esta época del año y que terminaba con la observación de distintos objetos con telescopio Dobson 12 y telescopio digital.

Foto de las redes de Molino de Alcuneza
Caía la noche y tocaba descansar. Antes de preparar maletas y el regreso a Madrid, quedaba disfrutar de otro de los encantos de esta casa: su desayuno.

Los desayunos del Molino de Alcuneza son una experiencia en sí mismos: panes artesanales recién horneados, embutidos y quesos locales, yogures con fruta fresca de temporada o propuestas más gourmet, siempre con ingredientes de proximidad y preparados al momento. como sus huevos fritos de corral con puntilla.

Lejos de las prisas de un buffet, aquí todo se disfruta a la carta, con la calma que pide el entorno y la atención personalizada de un equipo que cuida cada detalle. Un comedor con vistas a la naturaleza, que cada mañana se convierte en un viaje de sabores que reflejan la esencia de la región.

Salir del Molino de Alcuneza es salir con la sensación de haber viajado por la memoria gastronómica de Castilla, guiado por la mirada personal de Samuel. Un viaje que deja huella y que, como todos los grandes recuerdos, invita siempre a volver.
HOTEL Y RTE. MOLINO DE ALCUNEZA
Dirección: Carretera Alboreca, Km 0,5
Localidad: Alcuneza, Guadalajara
Teléfono: 949 391 501