No importa cuántas veces lo hayas visto en fotos: el impacto visual del edificio diseñado por Frank Gehry para Marqués de Riscal es inmediato y desbordante. Surge como una llamarada de titanio en medio de la sobriedad riojana, ondulando en violetas, oros y plateados bajo la luz del sol, que lo baña con un brillo cambiante según la hora del día.

Parece una criatura viva, recién aterrizada en el corazón de Elciego, un pequeño pueblo de calles estrechas, piedra noble y tejados de arcilla donde todo, hasta entonces, obedecía a una lógica discreta y pausada…

Lo que muchos no saben es que el edificio de Gehry no nació con vocación de protagonismo. En un principio, la idea era mucho más contenida: levantar una sede social para la bodega, un espacio representativo que acogiera actos institucionales y visitas especiales. Pero cuando Frank Gehry presentó su propuesta, aquella escultura de titanio y vidrio que parecía desafiar la gravedad y el paisaje, quedó claro que estaban ante algo mucho más grande. Algo que no podía ser solo un símbolo corporativo, sino el corazón palpitante de un nuevo concepto de bodega.

Foto del Instagram del hotel Marqués de Riscal
Así nació el Hotel Marqués de Riscal, primero como un pequeño alojamiento exclusivo, apenas unas suites entre las curvas metálicas, y más tarde como el eje de una Ciudad del Vino en expansión: centro de visitantes, spa, restaurante gastronómico, zonas ajardinadas, rutas guiadas… (tres siguientes fotos del Instagram del hotel Marqués de Riscal)



y nuevas áreas de elaboración y crianza que conviven con las históricas instalaciones del siglo XIX. El edificio marcó un antes y un después, no solo para Riscal, sino para toda la región. Se demostró que el vino podía seducir de no solo por la copa, sino por la experiencia completa.

Foto del Instagram del hotel Marqués de Riscal
Y, sin embargo, no hay choque. Hay diálogo. El edificio no invade: transforma. Y el visitante, que llega quizá buscando una bodega, descubre que ha entrado en una declaración de intenciones. Aquí el vino no es solo tradición: es innovación, es arte, es una forma de mirar el mundo con los pies en la tierra y la mirada en el futuro.
Un viñedo con historia…
La historia comienza en el siglo XIX, cuando Guillermo Hurtado de Amézaga funda la primera bodega de estilo bordelés en La Rioja.

Marqués de Riscal no solo introdujo las barricas de roble francés, sino también un estilo que marcaría el camino del vino moderno en España. Hoy, las antiguas naves de crianza aún conservan su aroma de madera, piedra y tiempo.

Enoturismo de vanguardia…
La visita a la Ciudad del Vino incluye un recorrido por las salas de elaboración y maduración del vino…

Las salas que más suelen sorprender al visitante son las de barricas, en las que madura el vino, años y años…



También se visitan las instalaciones más modernas, en las que se envasa y etiqueta el vino, con la última tecnología…

Hasta la “sacristía” repleta de botelleros con vinos centenarios que guardan la historia de la bodega…

El final de la visita se realiza por los “cajones” donde se guarda en botella el vino durante años. Esperando su tiempo de maduración, su posterior etiquetado y envasado que lo llevará a diferentes lugares de España y del mundo…

Pero no solo se trata de ver, el vino hay que sentirlo y disfrutarlo. Llegaba finalmente el momento de la cata dirigida, que confirma lo que ya se intuye al llegar: aquí no se trata solo de hacer vino, sino de contar una historia. Y no cualquier historia, sino una que sabe reinventarse sin olvidar de dónde viene.

En nuestro caso, tuvimos el privilegio de catar alguna referencia más como el blanco, un D.O. Rueda 2024, 100% ecológico y el tinto de la D.O.C.a Rioja Finca Torrea 2019,

Gastronomía con firma…
Francis Paniego es el chef que está al frente de la gastronomía de la bodega, donde encontramos un restaurante “tradicional” con muchos de los platos que se han hecho famosos en Echaurren y el restaurante gastronómico, con una propuesta que rinde homenaje al producto local desde una mirada contemporánea. Una visita de la que muy pronto os escribiremos. A Francis le acompaña en esta aventura gastronómico el chef Adrián Marín como jefe de cocina.
Visitar Marqués de Riscal ha sido adentrarse en un universo pensado para emocionar: desde el silencio solemne de sus botelleros centenarios hasta el gesto curvilíneo del titanio reflejando el sol de Rioja Alavesa. Un destino que no solo habla de vino, sino de visión, riesgo y belleza…