No todos los días se tiene la oportunidad de sentarse a comer frente a los yates que fondean en la preciosa ciudad de Málaga. Esa es la primera sorpresa que se lleva el comensal cuando llega al restaurante de José Carlos García: un espacio luminoso, contemporáneo, elegante y con un punto canalla, que parece dialogar en todo momento con el Mediterráneo. Entre jardines verticales imposibles, detalles de diseño industrial y un aire casi chill out, el entorno te prepara para lo que está por venir.

En este enclave privilegiado, en pleno barrio de La Malagueta, el cocinero malagueño ha construido en estos casi catorce años un universo propio.

No es solo lo que se come. El restaurante sorprende tanto por el emplazamiento como por un interiorismo donde confluyen las vanguardias, el diseño industrial, los jardines verticales y hasta un aire chill out, todo en sintonía con el Mediterráneo. Cada ambiente tiene su carácter: el jardín vertical, fresco y luminoso; la sala de los cañizos, íntima y acogedora; la mesa en la cocina, que permite vivir de cerca la energía del equipo; y la terraza, con vistas al mar, La Alcazaba y la Catedral.

Desde niño, José Carlos García sintió la llamada de la cocina y lleva más de un cuarto de siglo entregado al oficio. Se formó en la Escuela de Hostelería de La Cónsula y, por consejo de su padre, salió a recorrer Europa para aprender en distintos fogones antes de volver a Málaga. Sus primeros pasos profesionales estuvieron ligados al histórico Café de París, el negocio familiar, donde adquirió la disciplina del oficio, antes de emprender su propio proyecto junto a su mujer, Lourdes Luque, que le acompaña al frente de la sala, donde encontramos también a Darío Santagata como sumiller.

Hoy José Carlos sigue acudiendo al mercado de Atarazanas y a la lonja, en contacto directo con sus proveedores de confianza. Su cocina, honesta y en permanente evolución, se nutre del mar y de la despensa local, en torno al 70% del producto procede de proximidad, aunque siempre se enriquece con lo que descubre en sus viajes.
Dos menús para celebrar la memoria y la temporada…
En el restaurante concentra su propuesta en dos menús degustación, ambos extensos y en constante evolución. Con su Menú degustación el comensal disfruta de productos de estación y proximidad en seis aperitivos, seis platos y dos postres (159,50€, IVA incluído. con opción de maridaje de 105€) y el Menú degustación José Carlos García donde el chef ofrece al visitante un menú más extenso de seis aperitivos, once platos y dos postres (235,50 €, IVA incluido. Con opción de maridaje superior de 138 € )
La experiencia en la mesa…
En mi visita he podido comprobar cómo esa filosofía se traduce en un menú que emociona y sorprende a partes iguales. Empezando por los aperitivos: una sucesión de pequeños bocados exquisitos, cargados de intensidad de sabores y matices y siempre con la belleza que caracteriza la cocina de José Carlos.
El menú en casa de José Carlos García comienza siempre con un guiño personal: su polvorón salado, elaborado con pipas de girasol y aunque esté fuera de temporada, el chef lo prepara salado…

Al que le acompañaba un profiterole relleno de queso azul de cabra payoya

y una sorprendente versión de la paella: un crujiente intenso en sabor, con unos puntos de alioli que redondean la experiencia.

Estos aperitivos los armonizamos con un champagne Laurent-Perrier La Cuvée Brut. Aquí son embajadores de la maison y no es casual: en la copa se percibe esa finura impecable y esa frescura luminosa que definen a la firma. Su complejidad se debe al ensamblaje de más de cien vinos y al predominio de la chardonnay, que le aporta elegancia y verticalidad. El prolongado envejecimiento en bodega lo pule hasta alcanzar una madurez vibrante.

A continuación un parfait de ave, con chocolate y reducción de Pedro Ximenez

Un plato muy característico de Málaga es la zurrapa (Un plato típico de la charcutería malagueña. Un embutido que consiste en lomo de cerdo deshilachado que se fríe en manteca y sal) en este caso lo presentan en paté, gel de vinagreta y orégano

El hilo conductor de los aperitivos se mantiene con un bizcocho de chorizo

El sumiller Darío Santagata nos acercó los panes, con mantequilla y aceite

Faltarían dos aperitivos más: boquerón en vinagre sobre un crujiente de arroz relleno de ensalada de pipirrana, y encima lleva un gel de mango, una mayonesa de perejil,

Y la vieira, con una sorprendente y colorida presentación. La vieira venía en tartar dentro una tartaleta crujiente y unos puntos de remolacha que llenaban el plato de color…

Empezábamos el menú con un blanco, Marqués de Riscal Limousin 2023, que se muestra con una elegancia serena: un verdejo de raza, que combina la fragancia característica de la variedad con una acidez fresca y un sorprendente potencial de guarda. El vino nace de viñedos viejos en vaso, plantados en los suelos cascajosos de las terrazas más altas de la zona, donde la uva alcanza su mejor expresión. El resultado es un blanco que confirma la versatilidad del verdejo y el papel de Rueda como cuna de los grandes vinos blancos españoles: un vino de estilo refinado, con carácter y futuro.

Un plato muy visual es el tartar de quisquillas de Motril, con un crujiente de algas, miso y frambuesas. En el plato sirven una leche de trige, preparada a base de coco, naranja y lima con tres infusiones de aceite de oliva diferentes: gamba, tinta de calamar y cebollino. Al contacto con el plato, el líquido se transforma en un lienzo de colores cambiantes.

No podía faltar la porra malagueña, más densa que el salmorejo, que aquí se presenta dentro de una ensalada circular de caballa marinada con mostaza, pepino, tomate y cilantro

El ajo blanco también es muy malagueño, preparado a base de almendras, aunque el chef no le añade pan para que sea una sopa fría algo más ligera que acompaña con higos y un poco de anguila ahumada y gel de vinagre de Jerez

Y llegaba el pescado, en este caso una lubina salvaje, un lujo que no se encuentra todos los días, el chef la preparó con la piel muy crujiente, una crema de apio y eneldo

Cambio de vino para el último plato salado, en este caso un tinto de Marqués de Riscal Finca Torrea 2020 que procede de viejos viñedos de tempranillo en Elciego, donde se levanta la Ciudad del Vino de Marqués de Riscal (PINCHA AQUÍ para conocer más de la bodega). Es un tinto de espíritu moderno, con un perfil más fresco y afrutado, una crianza más breve y una imagen renovada inspirada en el diseño de Frank O. Gehry. En copa resulta elegante y fácil de beber, pero mantiene la seriedad que distingue a los viñedos de la zona.

Para acompañar un pato engrasado asado con una salsa que lo hacía un bocado insuperable. Este es un plato que no se puede tomar en la mayoría de los restaurantes porque es un producto muy escaso, en este caso se lo sirve Higinio Gómez.

Llegaba el momento dulce. El primer postre era una mouse de melocotón, gel de mango y un crujiente preparado con mantequilla

Después, un homenaje familiar: el tocino de cielo de la abuela, acompañado de espuma de bergamota, tierra de almendras malagueñas y helado de mandarina y menta. Un final que habla de raíces, de territorio y de memoria.

Y por si esto era poco, unos cuantos petit fours, más delicias dulces para terminar.

Salir del restaurante de José Carlos García es llevarse un recuerdo que va más allá del plato. Es comprobar cómo un cocinero que nació y creció en Málaga ha sabido sintetizar tradición, producto y creatividad para construir un lenguaje propio. Una cocina con raíces hondas y mirada abierta, con el Mediterráneo como aliado y ese inevitable toque de Rock&Roll que convierte cada visita en una experiencia única.
RESTAURANTE JOSÉ CARLOS GARCÍA
PUERTO DE MÁLAGA
Dirección: Plaza de la Capilla, 1
Localidad: Málaga